ORIGEN DEL MAIZ



Maíz, palabra de origen indio caribeño, significa literalmente «lo que sustenta la vida». Botánicamente, el maíz (Zea mays) pertenece a la familia de las gramíneas y es una planta anual alta dotada de un amplio sistema radicular fibroso.
Las variedades cultivadas fundamentalmente para alimentación comprenden el maíz dulce y el reventador, aunque también se usan en buena medida el maíz dentado, el amilácea o harinoso y el cristalino; este último también se utiliza para pienso.
• El maíz normal inmaturo en la panoja es objeto de gran consumo, hervido o tostado.

• El maíz harinoso es un grano con endospermo blando que se emplea mucho como alimento en México, Guatemala y los países andinos. 
• El maíz de tipo dentado tiene un endospermo calloso y vitreo a los lados y en la parte posterior del grano, en tanto que el núcleo central es blando. 
• El maíz de tipo cristalino posee un endospermo grueso, duro y vitreo, que encierra un centro pequeño, granuloso y amiláceo.
El cultivo del maíz tuvo su origen, con toda probabilidad, en América Central, especialmente en México, de donde se difundió hacia el norte hasta el Canadá y hacia el sur hasta la Argentina.

La evidencia más antigua de la existencia del maíz, de unos 7,000 años de antigüedad, ha sido encontrada por arqueólogos en el valle de Tehuacán (México) pero es posible que hubiese otros centros secundarios de origen en América.

Este cereal era un articulo esencial en las civilizaciones maya y azteca y tuvo un importante papel en sus creencias religiosas, festividades y nutrición; ambos pueblos incluso afirmaban que la carne y la sangre estaban formadas por maíz.

La supervivencia del maíz más antiguo y su difusión se debió a los seres humanos, quienes recogieron las semillas para posteriormente plantarlas.

El desarrollo de la agricultura en Mesoamérica tardó miles de años y fue un cambio gradual y casi imperceptible, la elección por parte del recolector de determinados rasgos deseables en cada especie, favoreció cambios genéticos en las plantas. Con el tiempo muchas de ellas requirieron de cuidados para poder prosperar, al grado de no poderse reproducir eficazmente sin el concurso del hombre. De este modo el grano del maíz sé adhirió mas firmemente al tallo; así podía recogerse sin perder las semillas, pero era necesario desgranar la mazorca a mano para poder sembrar. La calabaza silvestre, que es pequeña, lisa y carece de pulpa se convirtió en un enorme fruto cuya pulpa impedía la dispersión de las semillas. El fríjol silvestre, cuya vaina se enrosca para expulsar las semillas, se transformó en una vaina recta, incapaz de abrirse sin ayuda humana.
Todas las especies desarrollaron también semillas con cubiertas más suaves y por lo tanto más blancas y fáciles de digerir, que al mismo tiempo las volvían más vulnerables a los insectos y la humedad. Las evidencias arqueológicas conocidas hasta ahora sugieren que estos tres cultivos básicos no tuvieron un origen común. La calabaza se cultivó primero para ser utilizada quizá como recipiente, por sus semillas, y después por su carne. El fríjol fue un cultivo relativamente tardío en Mesoamérica, aunque su domesticación data de épocas más tempranas en Sudamérica.

Aunque fechamientos más recientes indican que esto pudo ocurrir casi dos mil años después, se considera que el maíz comenzó a domesticarse hace seis o siete mil años en algún lugar de las tierras de Mesoamérica, probablemente la cuenca del río Balsas, donde se encuentra en abundancia su ancestro silvestre, el teocinte o “grano divino” en náhuatl. Las primeras mazorcas de maíz descubiertas en Coxcatlán no eran mayores que el teocinte primitivo, pero contaba con varias hileras de semillas dispuestas alrededor de un olote muy rudimentario. Sin embargo, en los primeros tiempos se preferían otros cultivos más asequibles en las tierras altas, como la setaria o cola de zorro, un tipo de pasto común en el valle de México, o bien el arroz silvestre, un pasto del género Zizianopsis que medraba en las orillas de las lagunas del Altiplano Central. Pero de mayor importancia entonces era elhuautli o amaranto, que fue la gramínea más consumida hasta hace aproximadamente tres mil años.

Sin embargo, al menos durante dos mil años, los productores agrícolas comprendieron apenas una porción mínima de la dieta de los primeros cultivadores. La gran mayoría de los alimentos provenía de la cacería y la recolección de plantas silvestres. Cuando aparecieron las primeras aldeas, las plantas cultivadas formaban poco menos de la mitad de la dieta. En las zonas costeras este patrón era aún menos marcado, de hecho las primeras aldeas complejas surgieron en las costas de Guatemala y Chiapas. Antes de que se adopten definitivamente los tres cultivos básicos de la dieta Mesoaméricana, el consumo de raíces y animales acuáticos siguió siendo la base alimenticia en estos lugares hasta el siglo VI o VII a. C., cuando estaba ya plenamente desarrollada la cultura Olmeca.



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